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TEST DEL MARSHMALLOW


La capacidad de resistir “la tentación”, o sea, de no darse de inmediato en el gusto, se llama postergación de la gratificación instantánea. Y es una herramienta esencial para nuestro desarrollo psicológico, humano e incluso espiritual.

Ustedes se preguntarán cómo es eso posible… pues, les cuento: se hicieron varios estudios de seguimiento, de los mismos niños que participaron en este experimento, y los resultados fueron asombrosos.

En un primer estudio, de 1989, se encontró que los niños que eran capaces de postergar la gratificación instantánea, eran cognitiva, social y académicamente “más competentes” que quienes no pudieron aguantar la tentación.

En el estudio que siguió, se encontró que en los niños que resistieron la tentación, los puntajes en la prueba SAT (algo así como la PSU gringa), y la capacidad de conseguir sus objetivos y manejar el estrés, eran superiores a quienes no habían podido postergar su gratificación instantánea cuando niños. Incluso, ¡tenían mejor índice de masa corporal!

Posteriormente, cuando los niños ya eran adultos hechos y derechos, se les sometió a un escáner cerebral, y se encontraron diferencias estructurales en sus cerebros, donde quienes resistieron la tentación, tenían una corteza prefrontal más activa que quienes se comieron el marshmallow.



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